Posteado por: ferteranando | agosto 23, 2018

El Aprendiz.

[Accésit III edición del Concurso de Relato Corto de la Cofradía del Hojaldre de Torrelavega].    Sus dos hijos Óscar y José Manuel habían dejado relucientes la batidora, la amasadora, la laminadora, los rodillos, las mesas de trabajo de acero y se habían subido a descansar al piso de arriba donde tenían la vivienda. Rafael Herrero dueño y señor de la confitería La Blanca, se encontraba pensativo sentado en medio del obrador. En aquella tarde de verano se agradecían el estado de penumbra y la quietud del momento. Siempre le gustaba cuando el trabajo había terminado, quedarse comprobando facturas, viendo algún catálogo de nuevos productos o simplemente pensando. Solo escuchaba la voz de algún cliente que venía de la tienda.
– Mary, me pones una docena de pasteles variados. Anda hija, que tengo prisa.
– Faltaría más Carmina. A mandar, que para eso estamos.
Se abrió la puerta de la entrada y apareció una pareja joven.
– Buenas tardes, pareja.
– Buenas tardes, – contestaron los dos al unísono.
– ¿Qué les pongo? –preguntó Mary.
– Pues queremos una tarta de hojaldre de nata y crema de ocho raciones y unas chocolatinas de esas de monedas que tienen para los niños.
– Ahora mismo –respondió Mary. Termino con la señora en un momento y les atiendo.
– ¿Dónde anda el jefe? – la preguntó Carmina.
– Creo que está por adentro –respondió Mary.
– Bueno hija, cóbrame que ya llego tarde.
– Aquí tienes la vuelta. Muchas gracias, Carmina. Hasta pronto.
Bueno pareja, me han dicho una tarta de hojaldre de ocho raciones que la tenemos por aquí y unas chocolatinas.
– Ya está. ¿Algo más?
– Nada más. ¿Nos cobra, por favor?
– Muy bien. Muchas gracias. Buen viaje, – respondió rápido Mary.
Podía decirse que después de tantos años despachando en la tienda, conocía a todos los clientes. A los de la parroquia, -como ella los llamaba- los trataba de tú y a los de fuera, de usted. Rafael, -el jefe- fue lo primero que le enseñó cuando llegó.
– Chavaluca, a los clientes hay que tratarles con respeto, porque vivimos de ellos. –le dijo el primer día, nada más llegar.
No se le olvidó nunca más.
En medio de aquel silencio, le encantaba sentarse cuando todo estaba tranquilo y oír las conversaciones de sus tres empleadas Mary, Lupe y Casilda, con la clientela. Hoy el día tenía algo de especial para aquel hombre con sus setenta años recién cumplidos. Al final había hecho caso a su mujer Amelia y a sus dos hijos y había decidido dejarles el negocio y empezar a vivir un poco, que bastante habían trabajado para sacarlo adelante.

Su padre agobiado por las penurias de la postguerra y lo poco que ganaba en el taller de bicicletas que tenía en Santiago de Cartes, decidió una tarde de mayo acercarse hasta Torrelavega y visitar a Adolfo Castañeda, el marido de Raquel Revuelta, amigos de la familia que tenían la confitería La Blanca, en los bajos de una antigua casa de piedra, muy cerca de los soportales de la Plaza Mayor. Ni corto ni perezoso, allí se presentó.
– Buenas tardes.
– Buenas tardes -contestó una señora de mediana edad que se encontraba detrás del mostrador.
– ¿Estará Adolfo por ahí?
– Voy a ver, creo que está en el obrador. ¿De parte de quién le digo?
– Dígale que soy Jose María, el del taller de bicicletas de Santiago de Cartes.
– Un momento, por favor.
Al poco rato apareció Adolfo en el quicio de la puerta del obrador.
– ¡Hombre, Jose María, cuanto tiempo! Pasa, no te quedes ahí, que ya hemos terminado la faena. Siéntate un poco. ¿Qué te trae por aquí?
– Pues verás Adolfo, sabes que tengo cuatro hijos, dos varones y dos mozas. Éstas, gracias a Dios, trabajan en casa de un ingeniero de Solvay. Sin embargo con lo que gano en el taller, me las veo y me las deseo para llegar a fin de mes.
– Vaya hombre, la verdad es que no está fácil para nadie. Ya sabes, – continuó Adolfo.
Tengo a Rafael el tercero, que aunque es buen estudiante, termina ahora en la escuela y me he acordado de ti para ver si me le puedes meter de aprendiz en el obrador. El chaval es despierto y pone interés. A mí me suele echar una mano en el taller y no se le escapa una. No vas a tener ningún problema con él. De eso te doy fe.
– Bueno, no es que necesite yo ahora un aprendiz, pero por la amistad que siempre hemos tenido, me le traes cuando termine el colegio y vemos qué pasa, a ver si el chaval coge el oficio y se queda con nosotros.
– Muchas gracias Adolfo. Te estoy muy agradecido. No veas la preocupación que me quitas de encima. Por lo menos nos va a poder ayudar un poco en casa. Una cosa más, tú págale lo que consideres oportuno. En eso no me voy a meter.
– Bueno, por eso no te preocupes. Nos arreglaremos.
En cuanto José María volvió a casa y cuando estaban sentados cenando en la cocina, les comunicó que había estado hablando con Adolfo el de la confitería y que había decidido meter a Rafael de aprendiz en el obrador. Rafael, se quedó que no supo articular palabra. A pesar de su juventud, era consciente de que ya suponía una carga para la casa y le parecía bien la idea de echar una mano a la economía familiar.
El veintidós de junio, justo una semana antes de San Pedro, Jose María Herrero y su hijo Rafael “Rafa”, dejaron de mañana el pueblo y echaron a andar camino de Torrelavega. Alguna vecina camino del mercado, a Fidel el lechero y algún carro con mercancías para la fábrica de Sniace, fue lo único que encontraron por el camino.
Con el paso que llevaban pronto se presentaron en el cruce de Cuatro Caminos. Pasaron por delante del Ayuntamiento y se entretuvieron un rato en los soportales viendo las tiendas de baratillos, de ultramarinos, de herramientas en La Llave, de calzado y boinas.
Una vez en la confitería, se encontraron con Adolfo detrás del mostrador.
– Hombre pareja, – les saludó al verles.
– Buenos días Adolfo. Éste es Rafael mi hijo, del que te hablé.
– Hombre Rafael, así que quieres aprender el oficio, ¿Eh?
– Pues sí me gustaría, si usted no tiene inconveniente.
– Faltaría más. Mañana mismo -si quieres- empiezas.
– Trabajando tu padre en el taller tendrás una bicicleta, ¿No?
– Sí señor –respondió Rafael.
– Mejor, porque hay que estar aquí a las cuatro de la mañana y a esa hora no esta bien que vengas andando desde Santiago de Cartes. Terminamos la faena cuando se llena con producto el mostrador de la tienda y se entregan los pedidos en las cafeterías. Así que te tendrás que traer también la fiambrera para comer aquí. ¡Ah! puedes comer todos los pasteles que quieras, pero con cabeza. De momento sólo puedo ofrecerte quinientas pesetas, que te iré mejorando poco a poco si veo que pones interés. ¿Estás de acuerdo?
– Qué cosas tienes, Adolfo. Como para no estar de acuerdo, -respondió Jose María. Mañana a las cuatro le tienes aquí como un clavo.
– Bueno chavaluco, entonces hasta mañana.
– Descuide aquí estaré –contestó Rafael.
– Gracias por todo, Adolfo.
– De nada hombre, para eso estamos.
El miércoles veintitrés de junio de mil novecientos cincuenta y cuatro, con catorce años y sin apenas dormir por los nervios, Rafael saltó de la cama y se puso en pie. Eran las tres de la madrugada, no se oía ni un ruido en el pueblo, sólo el ladrido de algún perro y poco más. En ese momento su madre encendió la luz.
– ¿Qué hora es hijo?
– Son ya las tres madre.
– Bueno. Vete aseándote un poco, ponte el pantalón y la camisa limpia que tienes encima de la silla y mientras, te voy preparando una taza de sopas de leche.
Mientras Rafael desayunaba el tazón de sopas de leche, su madre trajinaba con la fiambrera en el fogón de la cocina. Una cacillada de lentejas con un trozo de chorizo fue la única comida que tendría para su primer día de trabajo. También te he puesto en la bolsa un pantalón usado y una camisa vieja para la labor.
A las tres y media, Rafael cogió del taller la bicicleta y se encaminó al trabajo. Hacía una mañana estupenda y ya empezaba a clarear por el alto de La Montaña.
En veinte minutos estaba a la puerta del obrador, feliz con su fiambrera bajo el brazo.
– Buenos días Adolfo.
– Hombre madrugador. ¿Qué tal? ¿Te ha costado levantarte?
– Un poco. No he pegado ojo en toda la noche.
– ¿Por qué hombre?
– Ya sabe, los nervios. Para mí todo esto es nuevo.
Lo primero que le llamó la atención nada más entrar en el obrador, fue la limpieza de las encimeras de madera y mármol y el agradable olor que había. Daba gusto.
– No te preocupes, yo también empecé de aprendiz como tú y ya ves, hoy los clientes hacen cola delante de mi negocio y sólo tiene una explicación que quiero que aprendas en tu primer día. Hay que trabajar mucho y hacer las cosas bien ¿Lo has entendido?
– Desde luego.
– Pues eso, más te vale no olvidarlo si quieres llegar a ser un buen pastelero.
– No se preocupe que no lo voy a olvidar.

Rafael aprendió rápido el oficio. Sin darse cuenta cumplió los dieciocho años. Era un joven alto y fuerte, responsable, poco hablador, de tez morena y cabello ensortijado, con unos ojos verdes que encandilaban lo mismo a las dependientas que a las clientas y una fuerza que le permitía echarse al hombro un saco de harina sin inmutarse.
Adolfo le fue mejorando el sueldo porque vio que el chaval trabajaba sin protestar y si le pedía por la Patrona que se quedara un poco más, nunca ponía ninguna pega, al contrario, siempre estaba encantado. El día de la Patrona, Raquel les bajaba para que comieran todos juntos en el obrador, una buena piriñaca montañesa, pollo en pepitoria, quesada pasiega de postre y para terminar café de puchero. Era muy buena cocinera.
De las dos dependientas que tenía la confitería, Rosi y Amelia, Rafael le tenía echado el ojo a Amelia, los dos eran de la edad. Una muchacha de Barreda encantadora. Era un puro nervio y tenía una atención exquisita con la clientela. Siempre que Rafael le pedía algo para el obrador, le faltaba tiempo para llevárselo. De vez en cuando le traía leche frita que hacía su madre para que lo tomara de postre y también, dependiendo de la estación, ciruelas, higos o manzanas. Incluso si terciaba, una bolsa con huevos caseros.
Adolfo, se estaba dando cuenta de que entre los dos empezaba algo serio, porque veía que estaban hechos el uno para el otro. No había visto una pareja que mejor congeniara en los años que llevaba trabajando. Rosi también era una buena moza, pero desde que tuvo un desengaño amoroso con un chaval de Tanos, se le metió en la cabeza que ella se quedaría soltera. Y todos veían como pasaban los años y no conseguía emparejarse.
Un día que Amelia entró al obrador a recoger una bandeja de bollos de leche, le dejó caer al bueno de Rafael como el que no quiere la cosa: Rafa, ¿sabes que el siete de junio celebramos en Barreda la fiesta de Santa María? En la plaza de la bolera hacen chocolatada, concurso de bolos y luego por la tarde romería con la orquesta Cubanacán. Si te apetece venir, ya sabes, me lo dices.
A Rafael, le cogió tan de imprevisto la invitación que no supo qué responder.
Adolfo que las veías venir, le dijo:
-¡Ay, Rafa, Rafa! Amelia te está invitando a salir.
– ¿A salir? – respondió Rafael.
– Pues claro, hombre, no ves que está loca por ti. Es buena chavala, sus padres también son buena gente. Hazme caso y no la dejes escapar, que como ella hay pocas y yo de pasteles y gente trabajadora, sé algo.
Para Rafael todo lo que decía Adolfo no tenía discusión, así que sin pensarlo dos veces, a los pocos días le preguntó.
– ¿Amelia, que digo que lo de la invitación, sigue en pie?
– Pues claro, tonto. Yo no juego con las cosas serias.
– Vale, vale, –respondió Rafael-. Si te parece te voy a acompañar a las fiestas.
– Cómo no me va a parecer. ¡Anda, que estás tú bueno!
Y así fue como Rafael y Amelia quedaron por primera vez, en las fiestas de Santa María en Barreda. Disfrutaron del chocolate con churros, le sacó un osito de peluche al tiro con carabina y bailaron al son de la orquesta Cubanacán. A Amelia se la veía feliz.
Después de la romería, Amelia le dijo a Rafael que se tenía que ir ya para casa.
– ¿Puedo acompañarte? – preguntó tímidamente.
– Claro hombre, aquí no comemos a nadie.
Tras un breve paseo llegaron a la casa de los padres de Amelia. Era una sencilla casa de planta baja del barrio obrero, con un arco a la entrada y un pequeño huerto con un gallinero en la parte trasera. Allí mismo, mientras intentaba abrir la puerta de la verja de madera, sus manos se rozaron y se despidieron hasta el día siguiente.
Rafael, cogió la bicicleta de vuelta a Santiago de Cartes. Estaba feliz, muy feliz. Amelia le había conquistado y eso que sólo se habían rozado sus manos.
Recordó los nervios de su primer día de trabajo, en que se pasó toda la noche en vela. Hoy le ocurría lo mismo. Se había pasado toda la noche inquieto dando vueltas en la cama, esperando que llegara el momento para volver a ver a Amelia. A la tres y media de la mañana estaba ya en la puerta del obrador.
– Buenos días Rafael, ¿Cómo has madrugado hoy? – pregunto Adolfo.
– Ya ve, no podía dormir y me he dicho, para estar aquí sin hacer nada, me voy al obrador que por lo menos allí me entretengo.
– ¡Ay, alma de Dios! Qué bonito es el amor, ¿Verdad? Como dijo alguien: “No olvides que el primer beso no se da con la boca, sino con los ojos”. – y sonrió.
– Rafael, seguía haciendo la masa del hojaldre sin levantar los ojos. Cuando terminó lo envolvió en un paño húmedo y lo guardó en la fresquera.
A las nueve como un clavo, apareció Amelia en la puerta del obrador, buscando la mirada cómplice de Rafael, con una cara de felicidad que daba envidia.
– ¡Buenos días!
– Mira, la alegría de la casa –bromeó Adolfo. ¡Vaya dos! Cuánto me alegra que entre tú y Amelia haya algo, de verdad, -comentó por lo bajo.
– Se puso rojo como un tomate y sólo acertó a decir, -Yo…, yo también.
Rafael hizo el servicio militar en la Cruz Roja, así que además de cumplir como soldado, también tenía tiempo para echar una mano en el obrador. El noviazgo iba viento en popa. Algún domingo bajaban en el tren al cine a Santander y daban un paseo a la orilla del mar cogidos de la mano. En otras ocasiones, cuando podían, solían ir al Cine Garcilaso o al del Casino de Solvay, donde daban los últimos estrenos. Los dos tenían ya claro que en cuanto Rafael terminara la mili, sería el momento en que fuera a casa de los padres de Amelia a pedirles la mano de su hija. Se casarían en la pequeña, pero bonita iglesia de su pueblo, la iglesia de Santa María.
Y así fue como después de terminar el servicio militar, Rafael y Amelia contrajeron matrimonio un sábado, diez de octubre de mil novecientos sesenta y cuatro. Se fueron unos días de viaje de novios a Bilbao y a su regreso alquilaron una pequeña casita en Barreda, muy cerca de la casa de los padres de Amelia.

Adolfo veía que su hija la mayor, no quería saber nada del negocio familiar. Estaba casada con un capataz de Sniace que lo ganaba bien. La otra -la más callada-, un buen día decidió meterse monja clarisa en el Monasterio de Villaverde de Pontones. Animado por su mujer Raquel y viendo que se acercaba la jubilación y no querían vender el negocio a cualquiera, un día llamó a Rafael y Amelia, se sentaron alrededor de la mesa del obrador y les dijo:
– Bueno pareja, tengo algo que contaros. Cuando llegasteis aquí, los dos erais unos críos. En mi obrador habéis aprendido el oficio. Los años han pasado para todos sin darnos cuenta. Vosotros ya casados y yo veo que ya no tengo las fuerzas de antes, además no hay nadie en mi familia que esté interesado por el negocio. He pensado que sería una buena oportunidad para vosotros. Lo conocéis bien y sé que lo dejo en buenas manos. Por el dinero no os preocupéis que hasta os puedo dar facilidades. Veréis cómo vais a tener suerte. Sois honrados, buenas personas y trabajadoras.
Así fue como Rafael Herrero y Amelia Lavín, el uno de enero de mil novecientos setenta y siete, el mismo año que se celebraron en nuestro país las primeras elecciones libres, por seiscientas mil pesetas, se hicieron con la confitería La Blanca.
Sus tartas de hojaldre, de chocolate, de fresa o de manzana tenían fama en toda la región. Sus bombones rellenos de licor, sus chocolatinas, los pirulís con caramelo por dentro y barquillo por fuera, la leche frita, los sobaos, las quesadas, las palmeras, las gafas con crema, los cruasán, los bollos de leche, los petisus, el cabello de ángel, el merengue, las frutas confitadas, las rosquillas o los buñuelos, volvían locos lo mismo a las mujeres de los obreros que aprovechaban el día de cobro para darse un capricho, como a los hijos de las familias más pudientes de la comarca, a los veraneantes que se acercaban por la confitería y a los señores que venían a tomar las aguas al balneario de Las Caldas.
El cambio en la pastelería apenas se notó, Adolfo fue avisando a la clientela de que dejaba la pastelería en manos de la pareja, animándoles a que había que echarles una mano y que siguieran acudiendo a comprar a la confitería La Blanca. Y les decía:
– Si hasta ahora, siempre habéis confiado en mí, cómo no lo vais a hacer con ellos, que están empezando.

Sin darse cuenta y trabajando mucho cada día, criaron a sus dos hijos y con los ahorros que poco a poco iban haciendo, compraron el piso que se encontraba justo encima de la pastelería, así lo tendrían todo más a mano, Amelia podía subir un momento si los niños la necesitaban y él podía descansar un rato después de comer. Siempre le gustaba por la tarde echar una cabezada y luego ir a jugar una partida a la flor en el bar Avenida.
Hoy después de cincuenta y seis años, Rafael bajó un poco más tarde al obrador. Serían sobre las ocho y media de la mañana. Sus hijos se sorprendieron al verle llegar tan tarde, sin el traje de faena y le dijeron sonriendo:
– Padre, ¿No piensa trabajar?
– Él contestó – ¿No sabéis qué día es hoy?
– Los dos se miraron, Jose Manuel le guiñó un ojo a Óscar y contestaron: No, ni idea.
– ¡Anda que estáis buenos, los dos!
– Hoy cumplo setenta años y me he permitido dormir un poco la mañana, – ¿Lo habéis olvidado? Quedamos que llegado este día, una vez el negocio estuviera a vuestro nombre, os entregaría las llaves y dejaría de trabajar. A partir de hoy, mi única ocupación va a ser vuestra madre y si algún día decidís casaros, -que ya va siendo hora-, pasear a los nietos.
– Cómo nos vamos a olvidar padre. Sabe que sin usted y sin madre éste negocio hoy no existiría. Tenemos que reconocer que como usted ha sido capaz de hacer la repostería nunca nadie lo había conseguido hasta ahora. Y con madre en el mostrador, nadie conseguía vender lo que ella cualquier día de la semana.
– Es verdad, – respondió Rafael. El día que no podía bajar porque alguno de vosotros estaba enfermo, se notaba en la caja. Aquí hemos pasado nuestra vida. Todo lo hemos hecho por vosotros y hoy os entrego el testigo, con la certeza de que lo dejo en buenas manos, en las mejores. Con la misma seguridad que tenía Don Adolfo Castañeda, que en paz descanse, cuando nos lo entregó a vuestra madre y a mí.
Tenemos pendiente un viaje que le llevo prometiendo toda la vida, pero por una cosa o por otra, nunca hemos podido hacer. En una ocasión después de ver en una revista unas fotos de los almacenes Harrods de Londres, le dije:
– El día que me jubile te voy a llevar a Londres para que veas la confitería que tienen aquellos almacenes. Te va a encantar. Ella me miró sorprendida y me respondió:
– La mejor confitería es la nuestra Rafael, porque la hemos hecho cada día entre los dos. Pero bueno, si hay que ir a Londres, se va, no me preocupa. Sin embargo como no me lleves a un crucero de viaje de novios, no te lo voy a perdonar.
Después, subió por las escaleras interiores a la vivienda y encontró a Amelia atendiendo el guiso que tenía encima de la lumbre.
– ¿Ya has hablado con tus hijos? – le preguntó nada más verle.
– Sí, está todo arreglado. Ya estamos jubilados, Amelia. Y la cogió de las manos con cariño.
– ¡Cuánto me alegro! Al fin vamos a poder disfrutar un poco.
Siempre has sabido hacer bien las cosas, ése ha sido nuestro éxito. La primera vez que te vi supe que quería pasar el resto de mi vida a tu lado.
– Venga, vamos a dejarlo que me pongo triste. En un rato comemos y así te vas a echar la partida.
– No –respondió Rafael. Hoy prefiero disfrutar del momento contigo y por la noche, te vas a poner guapa y nos vamos a cenar a El Molino de Puente Arce. ¿Qué te parece?
– Que solo quiero despertar cada mañana y ver que estás junto a mí –respondió Amelia.

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Posteado por: ferteranando | diciembre 19, 2017

2017. Un año para olvidar.

En memoria de Aylan Kurdi.

El año pasado mi despedida fue “Querido 2016”. Seguro que os ha sorprendido mi despedida de hoy, pero tengo motivos para ello. Igual que entonces, tengo que decir ¡Qué pocos días te quedan!
He puesto de nuevo intencionadamente la foto de mi inolvidado Aylan Kurdi el niño que se quedó en la orilla. Creo que es el momento de mirar atrás y pensar en los once meses que han pasado. De añorar cada uno a los que ya no están porque se fueron de forma temporal o definitiva. Mi recuerdo emocionado es para mi sobrina Patricia, mi ahijada, también la oficiante en mi reciente boda, a la que perdimos en un inexplicable accidente de tráfico hace solo dos meses y también para mi familia por la fuerza y entereza con la que llevan el dolor de la pérdida guiados siempre por el consejo certero de mi hermana.
Tenemos que seguir pensando en los miles de personas que malviven olvidados en campos de refugiados. Que no dejemos de pensar en la sinrazón de las guerras y sus consecuencias.
Quiero aprovechar también para agradeceros de corazón, a todos los que me seguís a través de mi blog vuestra lealtad, aunque os haya tenido un poco olvidados. Por motivos laborales, mi última entrada fue del 19 de enero pero aún así, sigo recibiendo visitas porque todo lo que aquí está escrito, está escrito con el corazón, algo que me hace muy feliz y me anima a continuar escribiendo.
Para terminar, quiero despedirme con una reflexión del escritor Gabriel García Márquez:
“Quiero arrojar a los océanos del tiempo una botella de náufragos siderales, para que el universo sepa de nosotros lo que no han de contar las cucarachas que nos sobrevivirán: Que aquí existió un mundo donde prevaleció el sufrimiento y la injusticia, pero donde conocimos el amor y fuimos capaces de imaginar la felicidad”.
Os deseo Felices Fiestas y Feliz 2018 lleno de esperanza.

Posteado por: ferteranando | enero 19, 2017

Se buscan valientes.

El Langui colabora con su rap.

El Langui colabora con su rap.

El británico Ernest Shackleton publicó este anuncio en la prensa en 1914 solicitando voluntarios para “la última gran travesía terrestre pendiente”. Decía así: “Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito”. ¿Quién podría responder a esta loca invitación? Pensaríamos que nadie en su sano juicio, pero lo hicieron, miles de aventureros. La historia también nos cuenta que Shackleton eligió a 26 hombres que iban a acompañarle en la travesía a la Antártida, en la que iba a ser la mayor proeza de la exploración polar.
Shackleton publicó el anuncio para buscar valientes que les tentara la aventura que iba a emprender. En esta ocasión y aprovechando las redes sociales también se ha lanzado un mensaje en Twitter con el “hastag” #sebuscanvalientes pero en esta ocasión es para la aventura de luchar contra el acoso escolar (me niego a utilizar el término “bullying”). Siempre me gusta hacerme eco de las acciones solidarias y esta de Mediaset España es de las que no puedo dejar pasar.
El actor Juan Manuel Montilla “El Langui” acompañado del “Coro encanto” de jóvenes voces ha escrito un “rap” que pone el foco de atención en los observadores, el grupo que en última instancia valida o rechaza este tipo de comportamiento. Su mensaje es claro y contundente: Se buscan valientes que expresen lo que sienten/ el respeto en esta página yo ya subrayé/ que la mochila si no hay libros no te debe pesar/ la fuerza del valiente está en el corazón/ hoy con valentía tiro yo pa clase/ mirada al frente, sonrisa y cabeza levantada/ se buscan valientes que se enfrenten al malo de Darth Vader.
Con su participación, El Langui pretende “conseguir que los testigos de situaciones de acoso cambien, que sean muchos los valientes que a partir de esta campaña dejen de mirar para otro lado. Que nadie vuelva la cara ente el acoso. El rap es una música directa y combativa. Con ella queremos que los chavales sean capaces de reaccionar con un fin positivo”.
Mientras tanto la realidad se impone y los casos de acoso no cesan: “Nosotros les dejamos una niña sana, éramos una familia feliz y nos han devuelto una niña con un trastorno por estrés postraumático. Nos han dejado un hogar devastado”. Así resume Mar estos siete años de acoso escolar. La última víctima ha sido una joven de 13 años de Murcia que no pudo resistir la presión y se suicidó, primero fue otro joven de 12 años de Eibar y antes fue la joven Carla en Gijón. Al final detrás de cada muerte hay un protocolo que falla y un mensaje donde todos niegan su responsabilidad.
De los pocos datos que he podido encontrar sobre el tema, descubro que ahora mismo hay más de mil casos por acoso escolar en nuestro país. Sólo en Asturias hay unos cien y en Gijón, asómbrese usted, cerca de cuarenta, según la Asociación Contra el Acoso Escolar. El primer caso en 2004 de suicidio por acoso en nuestro país fue el de Jokin un joven vasco de 14 años, cogió su bicicleta de madrugada y se dirigió a la muralla de Fuenterrabía. Una vez en lo alto, se arrojó al vacío. La familia se pregunta por qué un muchacho de esa edad “decidió que la paz eterna era mejor que el infierno cotidiano”. Y la razón era, por simple, estremecedora: no podía soportar las continuas palizas que recibía por parte de un grupito de “compañeros” de su instituto, el único de la localidad, con el silencio cómplice de algunos y la falta de conocimientos, en el mejor de los casos, del profesorado.
Por mi parte solo añadir que si en algún momento la dirección de un centro como ocurrió recientemente en un colego de la Seu d’Urgell decide poner cámaras en las zonas comunes para vigilar a los chavales conflictivos y proteger al grupo, que no sean los primeros los padres los que protesten por la medida.
Hoy le dejo para pensar una frase del escritor satírico irlandés Jonathan Swift: “Cuando aparece un gran genio en el mundo, se pude reconocer por esta señal: todos los mediocres se confabulan contra él”.
Que tenga un buen día y recuerde, otro mundo es posible.

Posteado por: ferteranando | diciembre 22, 2016

Querido 2016.

En memoria de Aylan Kurdi.

En memoria de Aylan Kurdi.

¡Que pocos días te quedan!
He puesto intencionadamente la foto de mi inolvidado Aylan Kurdi el niño que se quedó en la orilla. Creo que es el momento de mirar atrás y pensar en los once meses que han pasado. De añorar a los que ya no están porque se fueron de forma temporal o definitiva. Que pensemos en los miles de refugiados que malviven olvidados en campos de refugiados. Que pensemos en las miles de personas que sobreviven entre los escombros y las bombas en la sitiada ciudad de Aleppo, que nos piden ayuda cada día a través de los medios de comunicación y nosotros apenas les prestamos atención, que pensemos en la sinrazón de las guerras y sus consecuencias.
Quiero aprovechar también para agradeceros de corazón a todos los que me seguís a través de mi blog vuestra lealtad, lo que ha permitido que este año que se nos va, haya crecido el número de visitas, algo que me hace muy feliz y me anima a continuar escribiendo.
Y para terminar, quiero despedirme con una frase de Gandhi que también debe hacernos reflexionar: “El mundo es suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos, pero siempre será demasiado pequeño para satisfacer la avaricia de algunos”.
Os deseo Felices Fiestas y Feliz 2017 lleno de esperanza.

Posteado por: ferteranando | diciembre 21, 2016

Nuestra tropas se merecen un respeto.

_tropas_c5acdb0fHay un video en el canal “Youtube” que cada vez que lo veo no puedo evitar emocionarme, porque me produce una enorme admiración y respeto. Las imágenes corresponden a la llegada de un grupo de soldados americanos a la zona de embarque de un aeropuerto y cómo los viajeros que esperan su vuelo nada más verles aparecer, se levantan emocionados y comienzan a aplaudir. Una imagen así dice mucho de un país o de otra forma, una imagen así me gustaría ver en mi país.
Ahora que estamos en época de buenas intenciones, pasteleo y deseos compartidos, pienso en nuestros soldados desplazados en guerras con miles de muertos y población aislada en campos de refugiados. Imágenes terribles de lugares que nos pillan lejos como Irak, Afganistán, Libia o Siria, con un Putin que se la refanfinfla todo. La lista es interminable, como insaciables son los fabricantes de armas siempre dispuestos a que no se les llenen los almacenes y la única forma de evitarlo es comenzar una guerra absurda, pero eso es lo de menos. Lugares donde no existen los derechos humanos como los entendemos aquí, nada de libertad individual.
Cada año por estas fechas, a nuestro Presidente del Gobierno le gusta comunicarse por video conferencia para felicitar a nuestras tropas, pero desde casa y en familia, mientras que nuestros soldados están solos a miles de kilómetros. Estos días también he podido ver la visita de la nueva Ministra de Defensa, Dolores de Cospedal a nuestros soldados en Irak, qué bonito queda en los informativos verla rodeada de todo su séquito desplazado para la ocasión. ¡Qué pensarán nuestros soldados!
¿Sabe que hemos perdido más de ciento setenta soldados hasta ahora en conflictos bélicos internacionales? Hoy recuerdo la poca atención que les prestamos a las familias de los fallecidos en el accidente del Yak 42 donde perdimos 62 militares que regresaban de cumplir su misión en Afganistán, en un avión de carga fletado en la antigua URSS. En mayo hizo precisamente trece años de aquel accidente. Al principal responsable, el ex Ministro Federico Trillo se le premió con el puesto de embajador en Londres, donde vive mejor que quiere.
En la época del ex Ministro José Bono nos tocó el derribo del helicóptero “Cougar” cerca de la ciudad de Herat en Afganistán y donde perdimos a 17 militares. Falta de medios técnicos para detectar ataques y volar a diez metros del suelo se lo pusieron muy fácil a los talibanes que conocen el terreno y no perdonan un error.
La última perla es para ex Ministro Pedro Morenés, con intereses en la empresa armamentística para más dolor. He tenido la oportunidad de leer en un medio, el informe de la Fiscalía de la Audiencia Nacional del ataque a la embajada de Kabul en diciembre del año pasado. Consentir que ocupen para la embajada una casa de un señor de la guerra, fuera de la “green zone” o zona de seguridad donde se encuentran el resto de embajadas es un despropósito, como despropósito fue que la segunda autoridad de la embajada, Oriol Solá Pardell no tuviera configurado su móvil para recibir los correos. De haberlo tenido habría leído el correo que le enviaron de la embajada francesa avisándole de que ese día podía producirse un atentado.
Los soldados como siempre, estuvieron muy por encima de las autoridades de un país que los enviaron a una embajada trampa, denunciada en múltiples ocasiones por su vulnerable ubicación y por la clamorosa falta de medidas de seguridad. Les mandamos en plan onegé así que nos es de extrañar que los chalecos antibalas, incapaces de parar las balas de un fusil AK47 Kalashnikov se los tuvieran que comprar ellos. No tenían medios para detectar metales ni para anular frecuencias. Con turnos de 12 a 14 horas mientras que embajadas como los alemanes y americanos llevan 20 personas de seguridad e Italia en una situación similar a la nuestra, 16.
Los talibanes cuentan con granadas, chalecos bomba, armas largas, Regs (lanzagranadas), lanzacohetes, pistolas…Afortunadamente los americanos, siempre con la mejor tenían cámaras y tecnología, y pudieron cortar las comunicaciones, para evitar que desde fuera avisaran a los terroristas cada vez que los militares españoles se acercaban.
Hoy le recuerdo esta frase del escritor francés Paul Valéry que dice: “La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen pero que no se masacran”.
Que tenga unas Felices Fiestas y recuerde, otro mundo es posible.

Posteado por: ferteranando | noviembre 26, 2016

[Una vida rota] Mi relato para #historiasdesuperación.

Zenda #historiasdesuperación

Zenda #historiasdesuperación

Querida Celia,

Desde la distancia que nos une, recuerdo cuando me dijiste que fue Cristina, la psicóloga del Centro de Mujeres Maltratadas, la primera persona que escuchó tu relato al poco tiempo de llegar desde Santander, después de recorrer medio país. Que fue también ella quien te animó a contar tu terrible historia.

– Tienes que contar una y otra vez todo lo que te ha hecho – te repetía.

Os sentabais en una sesión de terapia de los viernes por la tarde, en el suelo de la biblioteca, rodeadas de libros, juegos y discos. Fuera quedaban un inmenso jardín, una fuente, un arce joven de aspecto melancólico y un alto muro que os protegía del mundo exterior. Cristina ponía música y siempre empezaba con la canción “Salir corriendo” de Amaral y os hacía repetir mientras extendíais las colchonetas: “¿Cuántas veces te ha hecho callar? / ¿Cuánto tiempo crees que aguantarás?/ ¿Cuántas lágrimas vas a guardar en tu vaso de cristal? Si tienes miedo, si estás sufriendo tienes que gritar y salir, salir corriendo”. Las mujeres del Centro relataban su historia una y otra vez, semana tras semana, hasta que perdían el miedo y comenzaban a quitarse los complejos, las culpabilidades y lo más importante, a soñar con una nueva vida.

Recordabas la tarde que le tocó empezar a Ángela. Os contó cómo su marido, antes de irse de nuevo al bar, mientras ella le pedía que no gritara, para que no se asustara su hijo que veía la tele en el salón, la arrastró por el pasillo mientras ella contenía el dolor, la levantó con todas sus fuerzas, la miró con desprecio y la dio un último golpe que la estrelló contra el suelo y la hizo perder el sentido. Cómo había quedado tendida, inmóvil, hasta que recobró el conocimiento y se arrastró hasta el baño, se limpió la sangre y con dificultad se puso de nuevo en pie. Cómo su hijo la llamaba, pero no podía responder, no quería que la viera así. ¡Sólo tenía seis años! Al rememorarlo se había echado a llorar y no pudo continuar.

– Muy bien, Ángela. Tranquila, no pasa nada -le decía Cristina-, lo has hecho muy bien. La próxima semana seguimos. No hay que forzar.

Luego Cristina te dio el turno a ti. Después de dos años, era tu último día en el Centro. Un tímido sol de noviembre se colaba a través de las persianas de la sala.

– Por última vez, cuando quieras.

Fuiste tú, Celia Juliana, aunque en la Facultad todos tus compañeros te conocían por Celia. Tenías veintiún años, una mujer con cuerpo de porcelana y de tamaño natural, unos preciosos ojos azulados y una melena rizada que estilizaba aún más tu figura. Te gustaban las minifaldas, pintarte los labios y la ropa ajustada. Estudiabas tercero de “Teleco” y aprobabas cada curso sin dificultad porque siempre habías sido buena estudiante y muy responsable. Tus padres te recompensaban con algún que otro capricho, como el Mini de segunda mano para que fueras a la Facultad.

Conociste a Diego en una de las fiestas que hacen los estudiantes antes de las vacaciones de Navidad. En busca de una consumición, te diste de bruces con él, casualmente; era la primera vez que le veías y luego te contó que trabajaba de reponedor en unos grandes almacenes. Hablasteis largo rato y te pidió volver a verte al día siguiente y tú aceptaste.

Me consta que estabas feliz con tu nuevo amigo. Muy ilusionada. No tenía nada que ver con otros chicos con los que habías tonteado en la “Uni”. Diego era educado, trabajaba, estudiaba y tenía clara la prioridad de terminar los estudios. Sin embargo, pronto, las caricias y las confidencias dieron paso a los celos y los malos modales por su parte. Controlaba tus llamadas, tus mensajes. Si iba a esperarte a la salida de la Facultad y te veía hablar con algún compañero, ya tenías bronca para el resto del día. Si aprobabas un examen, tenía celos hasta del profesor que te daba esa asignatura. Después de una bronca siempre venían las disculpas y el no lo volveré a hacer más. “No he podido evitarlo”, te decía. “¡Estoy loco por ti!”

Me decías que con su apariencia de “niño bueno” se ganó sin dificultad a tus padres. Enseguida empezó a entrar en casa. Le invitaban a comer. Jugaba con Luis, tu hermano pequeño. Los sábados te recogía en casa y subíais hasta el faro de Cabo Mayor para ver el mar. Una luz en el horizonte fue la disculpa para montarte otra bronca. No entendiste su comportamiento -empezabas a acostumbrarte, sin querer-; y te violó, y te pegó mientras te violaba y luego te hizo salir del coche para que volvieras andando. En casa te esperaba tu madre, al verte te preguntó si había sido Diego el que te había hecho aquello. ¡No se lo podía creer!

Tu amiga Natalia te animó a denunciarle. En el juicio lo negó todo, declaró que eras tú la que tenías unos celos enfermizos, que nunca te había tocado sin tu consentimiento y que no existía ninguna denuncia ni parte de lesiones en ningún hospital. Lo condenaron a dos años de cárcel, a pagar diez mil euros de indemnización por daños morales y a doscientos metros de alejamientos, como poco. Me decías que a la cárcel no entró por no tener antecedentes penales, que la indemnización no te la pagó porque se declaró insolvente. En cuanto a la orden de alejamiento, fuiste tú la que tuviste que alejarte de él, abandonar la ciudad y trasladarte al Centro de Mujeres Maltratadas en la otra punta del país.

Ahora me cuentan tus padres que has terminado los estudios, que has vuelto a sonreír, a ponerte minifalda y a pintarte los labios. No sabes cómo me alegro. No olvides que cuentas con el apoyo de tus familiares, amigos y de toda la sociedad.

Sé feliz.

F.

Posteado por: ferteranando | noviembre 17, 2016

Proyecto Guillén.

Colegio Minte (Monzón-Huesca)

Colegio Minte (Monzón-Huesca)

Hoy es obligado hacer referencia a la película “El Club de los poetas muertos” (1989) del director Peter Weir, con música del compositor francés Maurice Jarre y un papelón a cargo del actor ya fallecido Robin Williams; escrita por Tom Schulman ganó un Óscar al mejor guión original. La película transcurre en la década de los años cincuenta y narra la experiencia de un grupo de alumnos a quienes el carácter revolucionario, la creatividad y los métodos poco ortodoxos del nuevo profesor de literatura John Keating, interpretado por Robin Williams, cambiará para siempre sus vidas en la tradicional y estricta Academia Welton. Algo parecido estoy seguro que les ha ocurrido a los alumnos del Colegio Minte de Monzón en Hueca. Esta es su historia.
Dice un proverbio árabe que “quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación”. Esto debieron pensar los chavales de cuarto de primara del Colegio Minte, cuando Guillén uno de sus compañeros les comunicó al inicio del curso escolar, que no podía reincorporarse al colegio porque estaba recibiendo en el hospital un tratamiento de quimioterapia, y no sabían cuando iba a poder volver a clase.
Este fue el motivo para que el profesor Javier Enrique Mur con el consentimiento de los padres y el apoyo del centro, pusiera el marcha el programa “Proyecto Guillén”, que he encontrado buscando por la red y me ha llamado tanto la atención, que no puedo dejar de “compartir”, esa palabra que está tan de moda en las redes sociales. Se buscaba algo tan novedoso, como mantener el contacto emocional entre el alumno y sus compañeros de clase, utilizando como medio un blog con los contenidos que se impartían en clase. Estos contenidos se grababan en video y los compañeros preparaban actividades que luego corregían.
Se formaron equipos de cuatro alumnos, buscando la heterogeneidad dentro de cada equipo para fomentar la máxima interacción. Se asignó una dedicación semanal de dos horas, y se estableció un calendario de trabajo, en el que cada dos semanas tenían un contenido nuevo que trabajar en un área diferente cada vez y donde eran sus propios compañeros los que hacían de profesores. La única indicación que tenía el alumnado era que cada dos semanas se recogiera el material elaborado y se pasara a una nueva materia. Tenían total libertad para elegir el formato que prefiriesen y preparar lo que considerasen oportuno, dentro de los contenidos que se habían trabajado en la materia a lo largo de esas dos semanas.
Para Javier, -su tutor-, este reconocimiento puede servir para dar a conocer este tipo de situaciones, ya que hay numerosos niños que deben ausentarse de clase durante un tiempo prolongado por enfermedad u otros motivos. En su opinión, proyectos como éste “pueden ayudar a minimizar el impacto de esta situación, tanto a nivel emocional como formativo, a la vez que se contribuye a la mejora de la educación del grupo”.
En mayo se entregaron en la sede de la Fundación BBVA los XXXI Premios Francisco Giner de los Ríos concedidos por el Ministerio en la categoría de mejora de la Calidad Educativa al profesor Mur, gracias a este proyecto.
En el tercer trimestre del curso pasado, Guillén volvió al aula con sus compañeros. Según el profesor este ha sido el premio más importante, así como la satisfacción de que el alumnado entendiera que era capaz de ayudar a un compañero, de gestionar su aprendizaje y desarrollar su creatividad, entre otras dificultades. Durante los siete meses en los que no estuvo en el centro, se elaboraron un total de 17 videos y más de 50 documentos en papel. El propio Guillén contribuyó con videos grabados desde su propia casa.
Que tenga un buen día y recuerde, otro mundo es posible.

Posteado por: ferteranando | noviembre 6, 2016

La mano tendida.

gitanosLole y Manuel consiguieron con sus canciones, aunque no fueran muy bien recibidos al principio, abrir una ventana al flamenco a todos los públicos, consiguiendo que fuera algo de todos, enamorando a jóvenes y puristas por igual. Jugaron como precursores del “nuevo flamenco” a mediados de los 70. Una revolución gestada en el sevillano barrio del Tardón, pegado a Triana. Allí fue donde cantaron de niños y experimentaron de adolescentes con otras músicas como la clásica, el rock, los ritmos étnicos o las melodías árabes, hasta que en 1975 recién casados, fraguaron su primer disco en la taberna de La Peña del Bollo. “Nuevo Día” luego llegaron “Todo es de color” “Un cuento para mi niño” “Romero verde”. Canciones en la voz aterciopelada de Lole como “Cabalgando van los gitanos” que me enamoraron cuando era un chaval y que decía: “Carmelilla/ la mozita/ la que va en el primer carro/ dice que anoche la luna/ la regaló un traje blanco/ y un gitano de aceituna”.
Recuerdo que cuando era un crío en mi pueblo, nos pasábamos el verano buscando nidos de pájaros en los árboles, robando fruta de alguna huerta, aquellas ciruelas, cerezas y piescos no han vuelto a repetirse; luego más tarde llegaban la manzanilla, las avellanas, las castañas y los cucos. Nos bañábamos en el río y recorríamos el valle de romería en romería. Pero lo que nunca faltaba era la visita de una gran familia de gitanos, donde se sucedían carromatos, animales, algún perro siguiendo la comitiva y niños, muchos niños de todas las edades, y ancianos curtidos en todo tipo de tratos.
Nunca eran los mismos, pero siempre elegían el mismo lugar para asentar el campamento. Apenas habían llegado al pueblo, la noticia de su llegada corría como la pólvora, cogíamos las bicis y nos acercábamos a la campa que había junto al puente de la “Ilusión”, así llamado porque fue un puente que demandaba el barrio que estaba al otro lado del río y nunca lo veían hecho, hasta que plantaron los restos de un puente que era el que utilizaba la gente, no sin algo de dificultad. Cuando llegábamos todos los chavales, el campamento ya estaba montado, los burros paciendo en la campa, los carros por allí aparcados, los hombres charlando de sus cosas y las mujeres atendiendo la hoguera para empezar a hacer la comida. Unas patatas cocidas y poco más se veían en el puchero negro como el tizón, al calor de la lumbre sobre cuatro piedras. Entre tanto veías cestos de mimbre grandes para la ropa, un poco más pequeños para las pinzas, mi madre aún conserva alguno, o para llevar la comida al prado en época de la siega de la hierba, secando al aire o a medio hacer porque uno de sus ingresos en aquellos tiempos era lo que sacaban pidiendo, vendiendo algún cesto, adivinando el porvenir que en aquellos años, era mejor no saberlo para no llevarse uno sorpresas o intercambiando animales con gente del lugar. Recuerdo que en una ocasión le vendieron a un vecino un burro y le decía el gitano: ¡Tuerto no es y ciego usté lo ve! El hombre compró el burro lo amarró en la cuadra y no consiguió hacerle salir ni un solo día, porque efectivamente como le decía el gitano, el animal era ciego.
Este verano paseando por Calvo Sotelo entre el hormigueo de gente que ocupaba la acera, parejas, adolescentes, ancianos y chiquillos, me llamó la atención una gitana como las que visitaban cada verano mi pueblo. Señora ya mayor, pelo canoso, piel curtida por el sol, con su pañuelo de florecillas al cuello, su falda gris y una chaquetita con la mano extendida en medio de la acera pidiendo la voluntad a todo el que quisiera verla. No puede evitar pensar mientras le daba una moneda, cómo habría sido su vida, cuantos hijos habría tenido, cuanto habría sufrido en esta vida donde solo les dejamos estar de paso, sin posibilidad de ir a la escuela porque eran los proscritos del régimen anterior y su permanencia en los pueblos estaba limitada. Enseguida aparecía la pareja de la Guardia Civil para recordarles que no podían estar muchos días en el lugar.
Aunque hay que reconocerlo, aún hoy que por culpa de los estereotipos algunos tienen problemas para alquilar un piso o para encontrar un trabajo “por ser gitano”. De los 750.000 gitanos que viven en España -el 40 por ciento en Andalucía- cada día son más abogados, químicos, ingenieros, maestros, enfermeros o informáticos. Una mujer que se casó únicamente por el rito gitano y no ante el Registro Civil, le concedieran la pensión de viudedad. “Al habérsela negado, el Estado español cometió un acto de discriminación”, sentenció el Tribunal.
Hoy quiero dejarle para que se ría un poco una frase de un gitano que visita al ginecólogo con su mujer y le dice: “Ahí dostol mi mujer y yo queremos tener condescendencia y no podemos. Yo creo que soy omnipotente o ella histérica”.
Que tenga un buen día y recuerde, otro mundo es posible.

Posteado por: ferteranando | octubre 15, 2016

El consumo nos consume.

ecologismo-vs-consumismo-2Recuerdo que en los años ochenta, la ONCE fue pionera en crear una gran expectación y la forma de hacerlo fue algo tan repetido desde entonces como novedoso: emitir un primer anuncio en el que no se contaba nada, ni tan siquiera la marca que se anunciaba. Tan solo una interminable fila de personas que atravesaba lugares y ciudades enteras y una promesa: “El próximo 1 de octubre en este país va a ocurrir algo que traerá cola”.
A partir de este mensaje había que dejar que la gente se rompiera la cabeza intentando averiguar qué ocurriría y dejarles que lo comentaran entre ellos. La solución vino unos días más tarde, con un segundo anuncio, en forma del por entonces nuevo y revolucionario “cuponazo” de la ONCE. Todos los días, veinticinco millones a la tira y los viernes por cien pesetas, cien millones. Traerá cola (1987).
Desde entonces hasta hoy es la única cola a la que he encontrado sentido, teniendo en cuenta que han sido muchas las colas sin sentido que hemos podido ver. El año pasado los seguidores el cantante Justin Bieber, los “Beliebers” como se les conoce, hicieron colas interminables para poder ver a su ídolo. Su visita a unos grandes almacenes fue vista y no vista; hasta el “Youtuber” “elrubius” lo dejó por escrito en la red Twitter: “Nos habían dicho de conocer a Justino hoy, pero al final se ha pirado rápidamente. Meh”. Por si no lo sabe esta frase tuvo 7.687 Retweets y 21.368 Me Gusta. Aunque tenga veintiún millones de seguidores en Youtube, a mí personalmente este elemento me parece una tomadura de pelo, al que no pienso dedicarle más atención que las cuatro líneas anteriores.
Las televisiones siempre tienen un momento en los informativos para acercarse a alguna cola que se precie y así vemos al reportero entrevistando al padre o a la madre, porque la hija se ha pasado toda la noche a la intemperie haciendo cola y se ha ido a casa a descansar. Yo no ha debido ser un buen padre, porque sería incapaz de seguirle el juego a mi hija para semejante propósito. Lo de ser amigo de tus hijos no es algo que me haya apetecido nunca.
Otra cola que da que hablar es la de Apple. Cada vez que saca un nuevo producto al mercado, sus seguidores se forman ante la tienda de la manzana, para demostrar al mundo que como dice mi buen amigo Ferrán Fisas, los americanos son muy buenos en esto y en todo lo demás. El efecto se hace viral y para el informativo ya tenemos la cola formada en la tienda de la Gran Vía madrileña o el Paseo de Gracia barcelonés, la milla de oro de las compras en la capital catalana.
Hoy acabo de descubrir una cola nueva que me trae de cabeza. Dicen que ir a la moda quita el sueño a más de uno. Eso parece al ver la cola que se ha formado ante la tienda Nigra Mercato en la calle Lope de Vega dentro del Barrio de Las Letras de Madrid, donde cientos de jóvenes hicieron cola para comprar las zapatillas diseñadas por el rapero Keyne West. Hacerse con unas Yeezy Boost 350 V2 Raffle diseñadas por el marido de Kim Kardashian, no es fácil. Cuando salieron a la venta, las tiendas se llenaban y la página web se colapsaba porque había mucha gente pidiéndolas, por este motivo decidieron venderlas a través de sorteos. Están dispuestos a todo, con tal de estar en la lista de las doscientas personas apuntadas para poder comprar las deportivas, al precio de salida de doscientos veinte euros y dicen que en la reventa puede llegar a los novecientos euros. Alguno está ya esperando al siguiente sorteo. ¡Cómo ha cambiado este país!
Juan Pablo II nos dejó una frase que a mí, me pareció muy certera y que hoy se la regalo a usted: “El consumismo, es un camino sin retorno”.
Que tenga un buen día y recuerde, otro mundo es posible.

Posteado por: ferteranando | octubre 1, 2016

Culturicidio.

ivaPedro Franqueza y Esteve y Don Miguel de Cervantes lo único que tienen en común es que los dos nacieron el mismo año de 1547 y murieron con dos años de diferencia, el primero en 1614 y Don Miguel en 1616, las vidas de ambos tampoco tienen nada que ver. Don Miguel de Cervantes fue soldado, novelista, poeta y dramaturgo. Es considerado la máxima figura de la literatura española y universalmente conocido por haber escrito Don Quijote de la Mancha, con seguridad la mejor obra de la literatura universal.
Si buscamos en Google la diferencia es abrumadora, mientras que Pedro Franqueza los resultados de la búsqueda apenas pasan de las cuatrocientos mil, Don Miguel de Cervantes pasa de los veintiocho millones. La diferencia, es importante y nos marca la trascendencia que cada uno pudo tener en su época.
Por decirlo de alguna manera, Pedro Franqueza fue el Montoro del rey Felipe III. Cuatrocientos años después, todo el mundo ignora al tal Franqueza pero sabe muy bien quien es Cervantes. Dentro de un siglo, ni los especialistas tendrán noticia de Cristóbal Montoro, que ha tenido la ocurrencia de quitar de los Presupuestos de este año la partida que parecía obligada para conmemorar el IV Centenario de la muerte del autor del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Nada que ver con los actos de celebración del 450 aniversario del nacimiento de Shakespeare que se celebró en el 2014. Empezaron en Stratfor-Upon-Avon su localidad de nacimiento, un pueblo de casitas blancas y entramados de madera, en abril con una gran procesión en honor de su hijo más ilustre que incluyó un pastel de cumpleaños de tres metros de altura, transportado por un carruaje de caballos. Abrió sus puertas “El Globe” una réplica del teatro donde Shakespeare estrenó sus grandes obras en el sur de Londres y se hizo una adaptación de la obra El Rey Lear dirigido por el oscarizado Sam Mendes en el National Theatre, entre otras muchas iniciativas.
Siguiendo la larga tradición de ballets inspirado en los trabajos de Shakespeare, el Royal Ballet estrenó en su sede londinense de Covent Garden, una coreografía de esa historia de amor, pérdida y reconciliación que es “El cuento de Invierno”. Exposiciones en el museo Victoria & Albert y un sin fin de actos y actividades para todos los públicos y atraerá a miles de turistas que aprovecharan la efeméride para disfrutar de los actos.
Cada año asiste al teatro en Madrid un millón de espectadores, más que a los estadios de sus cuatro equipos de fútbol de Primero División. La clase política ha gravado desde el uno de septiembre de 2012 el IVA cultural del cine, la música y el teatro con el 21% de IVA el más alto de toda Europa. Gran Bretaña es el que más cerca se queda de España, ya que aplica el 20% mientras Noruega, lo hace con el 0%; Francia, Hollande redujo el IVA cultural a un 5,5% (Sarkozy lo había situado en el 7%); Suiza, con el 2,5%; Alemania, con el 7%; Irlanda, con el 9% e Italia, los espectáculos teatrales, el cine, la ópera y el circo cuentan con un IVA del 12% (era de un 10% primero). En otros países como Portugal, la cultura tiene un IVA del 13% mientras que en Irlanda es del 9%, igual que en Grecia o Finlandia. El impuesto en Austria es del 10% y en Luxemburgo del 3%. Un caso especial es el de Holanda que actualmente tiene un IVA cultural del 6% gracias a las demandas del sector. El Gobierno tuvo que dar marcha atrás a una subida similar a la española, porque se dio cuenta que, lejos de conseguir el efecto deseado, se produjo el contrario porque se retrajo la asistencia de público.
No cabe duda de que el teatro es el mejor termómetro cultural de una ciudad. Gracias a él, Madrid se encuentra entre las cinco grandes capitales mundiales de la cultura. Asombra la cantidad y calidad de las obras que, semana tras semana, se ofrecen en las salas públicas, en las comerciales y en los pequeños teatros alternativos. Es significativo de la situación que vive la cultura en nuestro país que nuestro Presidente en funciones D. Mariano Rajoy durante toda la legislatura no haya existido a ningún estreno de una obra de teatro. Mientras esto sucede las revistas porno gozan, nunca mejor dicho, de un IVA reducido del 4%.
El artista chileno nacionalizado francés Alejandro Jodorowsky tiene una frase muy certera: “Cuando los países se desmoronan y se caen, lo único que queda de ellos es la cultura, por eso es tan importante. Un país sin cultura va a la desaparición. Hay que dedicar un capital para la cultura, crear productos útiles para el ser humano, tanto para su consumo como para su conciencia”.
Que tenga un buen día y recuerde, otro mundo es posible.

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